jueves, 13 de noviembre de 2014

Todas las poetas estaban muertas
entre sus labios desvirgadas
Sus pupilas apagadas
tan puras y putas,
como ellas.

Dicen que quien más tiene es quien menos necesita y aquí estoy yo, que tengo todo menos lo que quiero, a ti.
Idiotas románticos encaprichados con la conquista del querer mal y pronto y yo, formando parte de ellos.
'Encoñamientos' de una noche tras la barra de un bar, o tras noches en un banco de hielo y con corazón de madera.
Subidas a los tacones parece que casi podemos alcanzar la luna sin darnos cuenta de que esta siempre será la que nos coma a nosotras.
Ingenuas amantes de la noche.

 Creen que por ellas dan un mundo y es el mundo, quien las da por culo a ellas. 

Caminan silenciosas y descalzas por el suelo húmedo de las calles de Madrid, con la cabizbaja cabeza y alta conciencia de saber, que simplemente caerán en un bolso lleno más, otra pieza de estantería con la que el polvo se irá acumulando -al echarlos, claro- y suspiran, mirándose las medias con carreras que no tendrán en el amor y las lágrimas, provenientes de sus lagrimales muertos como sus pupilas, sollozan un abrazo amigo pero obteniendo solo lo que cada puta puede, un frió inmenso que las hiela los huesos y hace hervir su sangre fría como el hielo de diciembre, como el banco, en el que algún día comenzaron a soñar la vida, que jamás tendrían. 




domingo, 2 de noviembre de 2014

Son largas y lúgubres las noches hasta perder la inconsciencia más absoluta de nosotros mismos, perdidas en la embriagadora fragancia de alcohol barato en vasos de plástico y cigarros mal consumidos por el humo de la soledad.
Como un barco en la bahía de un horizonte perdido sin dirección.
Mi profesor de química siempre citaba a Calderón diciendo 'Ay ésta vida, ésta vida es una barca'. Y tenía razón.

Sin rumbo fijo, sin dirección.

Hoy es uno de esos domingo de mierda en los que estas en casa con el pijama tirada en el sofá en los que ni un huracán podría levantarte, y no lo hace. En el caso de que algo pudiera hacer que tuviera un mínimo de sentido esta vida sería que él me lo diera, pero no lo hace, porque ya nadie lo hace, ni yo misma.
Es noviembre, y con él viene el mal tiempo, aunque en mi interior lleva desde agosto. Agosto.
Es como cuando una vela se apaga, primero llama intensa, roja, fuerte.  
Después, se consume, aunque -idiota de ti- piensas que nunca pasará, ay, ignorante. Y se queda, como se quedan todas las cosas que explotaron y expandieron su destello hasta reventar, quemadas. Con un fino palo negro que mancha, como mi corazón, y quema, si, aún lo hace, pero irá desapareciendo poco a poco y será arrastrado por el viento como la colilla de los cigarros que se consumen por la soledad.

Qué triste
Qué melancólico.
Qué inoportuno.
Qué silencioso.

Un bostezo en la nocturnidad, un sollozo perdido en la bala de la pistola que guardo en mi cajón con lo condones que ya no usaremos.
Mi móvil esta tirado debajo de la cama con la esperanza de que no me moleste nadie o que venga alguien para decirme que me va a reorganizar la vida, o los sentimientos, que no sé que es mejor.
Es otoño y las hojas caen de los arboles hasta volverse frías y rígidas en el suelo, esperando, como aquel que espera en la parada del bus un día de lluvia, a que alguien termine de pisarlas para romperse en mil pedazos que acabarán desapareciendo llevados por el viento.

Como yo.





M.

Ojalá te olvidara.

Y es porque nos conocimos en el momento perfecto para que tu cambiaras mi vida y yo la tuya y nos moldeáramos el uno al otro para hacernos complementarios
Perfecto para nosotros juntos, horrible por separado y para los demás, cada cerradura tiene su llave y nadie puede entrar con otra.

Podrás hacerme daño pero jamás dejaré de quererte siempre estarás en mi y sabes que, retiro lo dicho, por nada del mundo desearía olvidarte y volver a conocerte
Porque por nada del mundo querría olvidar todo este tiempo, solo desearía revivirlo segundo a segundo

Por eso, prefiero perderte ahora para encontrarte después
que tenerte para acabar perdiéndote y no encontrarte jamás.