jueves, 13 de noviembre de 2014

Todas las poetas estaban muertas
entre sus labios desvirgadas
Sus pupilas apagadas
tan puras y putas,
como ellas.

Dicen que quien más tiene es quien menos necesita y aquí estoy yo, que tengo todo menos lo que quiero, a ti.
Idiotas románticos encaprichados con la conquista del querer mal y pronto y yo, formando parte de ellos.
'Encoñamientos' de una noche tras la barra de un bar, o tras noches en un banco de hielo y con corazón de madera.
Subidas a los tacones parece que casi podemos alcanzar la luna sin darnos cuenta de que esta siempre será la que nos coma a nosotras.
Ingenuas amantes de la noche.

 Creen que por ellas dan un mundo y es el mundo, quien las da por culo a ellas. 

Caminan silenciosas y descalzas por el suelo húmedo de las calles de Madrid, con la cabizbaja cabeza y alta conciencia de saber, que simplemente caerán en un bolso lleno más, otra pieza de estantería con la que el polvo se irá acumulando -al echarlos, claro- y suspiran, mirándose las medias con carreras que no tendrán en el amor y las lágrimas, provenientes de sus lagrimales muertos como sus pupilas, sollozan un abrazo amigo pero obteniendo solo lo que cada puta puede, un frió inmenso que las hiela los huesos y hace hervir su sangre fría como el hielo de diciembre, como el banco, en el que algún día comenzaron a soñar la vida, que jamás tendrían. 




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