miércoles, 22 de octubre de 2014

M.

Sécame.

Ven, vuelve a resucitarme de las cenizas de mi propia existencia lúgubre y tócame. tómame, fóllame.
Hazlo rápido y sin pensar que, para lentos, ya están los años, sin ti.
Vuela como un ave desde un abismo de inseguridades y vislumbra a tu alrededor.
¿Qué ves?

Oscuridad.

Vació infinito desde la otra punta del horizonte llano y lleno de frialdad y humedad.
Hielo. Agua en estado de congelación que quema y duele. Como tú.
Quizá este hablando de tristeza pero no, hablo del miedo, de la inquietud, del ser, hablo de mi, de mi misma y de mi misma contigo y conmigo. Con los dos.

Hablo de un suspiro en un parque a media noche, con el bostezo en forma de vapor mientras sale de tus labios como el hubo del cigarro que me estoy acabando.

Y sonrió, sonrió porque estas delante o sonrió por el vapor que se expande hacia la atmósfera a perderse para siempre,
 hasta repetir el ciclo,
como nosotros.

Hablo de ti y de mi, de un rencuentro entre las sombras de los recuerdos.

Supongo que no es fácil salir del infierno pero ¿acaso queremos salir de él? 




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