Ven, vuelve a resucitarme de las cenizas de mi propia existencia lúgubre y tócame. tómame,
Hazlo rápido y sin pensar que, para lentos, ya están los años, sin ti.
Vuela como un ave desde un abismo de inseguridades y vislumbra a tu alrededor.
¿Qué ves?
Oscuridad.
Vació infinito desde la otra punta del horizonte llano y lleno de frialdad y humedad.
Hielo. Agua en estado de congelación que quema y duele. Como tú.
Quizá este hablando de tristeza pero no, hablo del miedo, de la inquietud, del ser, hablo de mi, de mi misma y de mi misma contigo y conmigo. Con los dos.
Hablo de un suspiro en un parque a media noche, con el bostezo en forma de vapor mientras sale de tus labios como el hubo del cigarro que me estoy acabando.
Y sonrió, sonrió porque estas delante o sonrió por el vapor que se expande hacia la atmósfera a perderse para siempre,
hasta repetir el ciclo,
como nosotros.
Hablo de ti y de mi, de un rencuentro entre las sombras de los recuerdos.
Supongo que no es fácil salir del infierno pero ¿acaso queremos salir de él?

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