Como cuando lo sabías pero te daba igual y al final explota, y te rompes.
Te rompes como el hielo que al principio corta y luego se deshace al calor de un fuego tan ardiente que quema, y abrasa. La verdad es que me lo esperaba, no puedo ni ser de piedra ni fingir que no me importa, porque lo hace.
¿Creéis en el destino? Yo no lo sé.
La verdad es que no sé nada, mi vida ahora es un caos, mi propia existencia vaga en un mundo lleno de alcohol y de esperanzas tan banales que me dan igual.
Quiero perderme por la calles de Madrid y salir de este sitio, de mi hogar. Quiero buscar mi propio lugar en el mundo o buscarme a mi misma en algún lugar del mundo. ¿Quién sabe? Pero me da pena, y rompo, me rompo en pedazos que se clavan en mi, pero no duele, no dolor físico.
Sonrió, a veces, y me cuestiono cualquier cosa. ¿Soy una planificación de mi propia existencia? ¿De mi vida? En realidad, todo esto que estoy escribiendo no tiene sentido alguno como yo.
Por cierto, he de decir que me gusta el invierno mucho más que el verano y el otoño supera con creces la primavera. Quizá es que soy fría como esa estación o quizá es que todo me gusta más en invierno, aunque, ¿Sabéis? Estoy harta de tanto quizás.

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