No estás.
Y ya está, se acabó? Quizá.
¿No tenéis esa sensación de que solo confías al cien por cien en una persona?
Una persona en todo el puto mundo (y mira que es grande) una persona que tiene el poder de destruirte pero confías en que no lo hará, y es cierto, no lo hace. Y sonríes cual idiota dándole la llave de tu interior para que pueda entrar a mirar cuando quiera mientras te tomas un café y un té de menta (aunque mejor de rosas) y ríes y lloras, aplaudes a la ignorancia y te asombras de cosas tan maravillosas como la vida, la vida misma. Pero todo acaba, aunque, me niego a creerlo. Y cuando termina se apaga la luz hasta romperse.
Sinceramente, lo que más te rompe es esa canción, la puta melodía que te recuerda que fue de verdad y ya no está, y si duele escucharla sola imagínate en directo, en concierto, mientras cae la lluvia y cada gota frágil te destroza como si te penetrara dentro de ti. Y lloras, y las gotas de tus lágrimas quedan camufladas con las de la lluvia pero están ahí
Hoy me he despertado melancólica o filósofa aún no lo sé. Últimamente no tengo claro ni como me llamo, no lo que quiero, lo que soy o lo que siento. Quiero vivir, eso seguro, pero no sé ni cómo, y lo más dificíl, con quién. Creo que nunca nadie me entendería, ni yo me entiendo.
Suena Russian Red en mi ordenador y llevarála misma canción en bucle unas veinte veces, ni lo sé, ni me importa.
Cómo me gustaría saber escribir bien y expresarlo todo. O mejor, como me gustaría saber lo que me pasa para poder expresarlo. Aunque solo sé que no estás y que te echo de menos.

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